¿Por qué ladra mi perro?

¿Por qué ladra mi perro?

 No solemos castigar el maullido de un gato, ni el canto de un pájaro, ni tampoco las conversaciones pesadas de nuestros conocidos, pero a menudo nos enfadamos con los ladridos de nuestro perro. Supongo que es porque se vuelven estridentes en ocasiones, nos irritan, pueden molestar a nuestros vecinos y nos “obligan a hacer algo”. Es entonces cuando les castigamos, les gritamos, nos enfadamos con ellos e intentamos hacerles callar de cualquier manera. El resultado es que cada vez ladran más y más fuerte, a lo que respondemos con más enfado y más “ladridos” por nuestra parte.

 
¿a alguien le ha funcionado este método? ¿ha dejado de ladrar tu perro cuando le castigas por hacerlo? posiblemente en el momento de nuestros gritos, el perro cese sus ladridos por el sobresalto y por la atención que le produce ver qué pasa, pero continuará ladrando con más fuerza a continuación.
 
Además, no hay que olvidar que los perros aprenden por asociación, si castigamos los ladridos, el perro puede asociar el castigo con el motivo de su ladrido (ambos son simultáneos), lo que puede producir miedos y aversiones a la situación que le provoca ladrar. No hay que ser muy listo para adivinar que esto aumentará su nivel emocional y retroalimentará su temor y por tanto, su ladrido.
 
Castigar entonces no es la soluciónya hemos visto que tan sólo agrava el problema.
 
Tampoco suele ser útil recompensar su silencioporque el perro no deja de interpretarlo como una recompensa por no hacer nada. Que te recompensen por no hacer nada, además de una ausencia total de aprendizaje, es bastante frustrante ¿cómo os sentiríais si vuestro jefe o vuestro profesor os felicitara justo en el momento que no estáis haciendo nada?
 
Desconcertante ¿no?
 
Ignorar los ladridos tampoco suele ser buena soluciónLos ladridos son autoreforzantes y como veremos a continuación, no hacer nada no nos garantiza el éxito.
 
¿Qué hacemos entonces?
 
No olvidemos que el ladrido es una forma de expresión de nuestro perro. Cuando un perro ladra es porque quiere decir algo. Así de sencillo. Pongámonos en su lugar, posiblemente lo que nos quiere decir es muy importante para él, tanto más cuanto más intenso sea el ladrido.
 
Si no hacemos caso, o si le castigamos por hacerlo, el perro ladrará más fuerte, como diciendo “¿qué te pasa? ¿no me escuchas?” . Realmente nosotros también gritamos con más fuerza cuando no nos sentimos escuchados y consideramos importante lo que estamos diciendo ¿no?
 
La solución pasa entonces por escuchar a nuestro perro, interpretar lo que nos quiere decir, y hacerle entender que le hemos escuchado.  A priori, parece evidente pensar que hacer esto correctamente requiere conocimientos sobre conducta y modos de expresión animal, y que no todo el mundo está preparado para interpretar las señales que emiten los perros. Sin embargo, nadie conoce mejor a nuestro propio perro que nosotros mismos y para saber interpretar sus ladridos, no sólo nos fijaremos en el sonido, sino también en su expresión corporal, en su estado de ánimo y en las circunstancias en las que lo emite.
 
 
 
Intentaremos ahora resumir, a modo de guía simple, los motivos más comunes por los que suele ladrar un perro:
 
– Ladrido de excitaciónNuestro perro está feliz y expectante. Algo bueno va a suceder, volvemos a casa, salimos a la calle, vienen invitados, llegamos con el coche a su playa favorita, etc. El ladrido es alto, fuerte, algo histérico y puede haber gemidos entre ladrido y ladrido. Pero además el perro no parará de moverse, podrá saltar de las patas delanteras, correr de un lado a otro o dar vueltas sobre sí mismo.
 
No podemos castigar que nuestro perro esté contento. Tampoco intentar que se siente o que se tumbe, su excitación se lo impedirá y sólo le provocará más frustración. La solución pasa por estar tranquilos, posiblemente dejará de ladrar cuando su expectativa se concrete. Podemos darle un juguete o su mordedor para que lo muerda y así canalice su ansiedad, o bien contra condicionarle con alguna conducta gratificante para él y que le hayamos enseñado con anterioridad. Si lo hacemos, la conducta debe ser dinámica, que implique movimiento: ir a buscar algo a otra habitación, juegos de olfato, etc.
 
– Ladrido de guardaNuestro perro “nos avisa” que viene el enemigo. El ladrido se mezcla con una especie de bufido, es más ronco. El perro podrá ir hacia delante o hacia atrás, dependiendo de su carácter y de su seguridad, pero más o menos enfocará el ladrido a su objetivo. No hay que olvidar que avisar al resto que vienen extraños es una conducta natural en algunas razas de perros (“si mi tarea es cuidar el rebaño, no me pueden gustar los extraños“) y que vivir en chalets donde el perro “ve” quien pasa por la calle, suele reforzar esta conducta.
 
No podemos castigar al perro por hacer su trabajo. “Nunca lo he intentado, pero salir todos huyendo podría funcionar para que el perro dejara de ladrar”. Bromas aparte,  lo ideal es hacer ver al perro que le escuchamos y nosotros nos hacemos cargo de la situación. Para ello, podemos interponernos, de manera tranquila, entre el perro y la calle, de espaldas al perro y con las palmas de la mano abiertas y los brazos estirados hacia abajo. El mensaje sería “gracias, pero yo me hago cargo“. Suele funcionar. El motivo de hacer el gesto con la mano, es que al final y después de hacerlo unas cuantas veces, ese único gesto nos puede valer para dar el mensaje, sin necesidad de tener que levantarnos.
 
– Ladrido “agresivo”Lo he llamado así para que sea fácilmente identificable, aunque no suele estar asociado a ninguna agresión (normalmente un perro que realiza una agresión no pierde el tiempo ladrando antes). Es más un ladrido de enfado, fácilmente identificable, que suele estar acompañado de gruñidos. El perro enseñará los dientes y se mostrará amenazante, fruto de lo que él considera una necesidad de defenderse de algo, o de alguien.
 
No podemos castigar al perro por intentar defenderse de lo que considera un peligro para su vida. De hecho, si lo hacemos, le estamos cargando de razones. Dependerá mucho del objeto de su enfado y en algunos casos, puede funcionar el interponernos y responsabilizarnos nosotros de la situación (siempre guardando todas las medidas de seguridad), haciéndoselo ver así a nuestro perro. Los contracondicionamientos dinámicos también pueden ser útiles. La solución final suele pasar por ahondar en los motivos por los que el perro siente la necesidad de defenderse y buscar la solución de una manera profesional, realizando trabajos emocionales.
 
– Ladrido “aprendido”. El perro ha aprendido que ladrando obtiene una recompensa y nosotros, de manera consciente o inconsciente hemos reforzado esa conducta y el perro ladra buscando su premio. En muchas ocasiones, la recompensa es simplemente conseguir la atención de su dueñoSuelen ser ladridos cortos, con pausas en las que el perro mira a su alrededor, comprobando si alguien le oye.
 
“¿Qué haríamos nosotros si estuviéramos todo el día solos en el jardín y supiéramos que al ladrar conseguiríamos la atención de nuestro dueño, aunque sea en modo de gritos? Posiblemente, haríamos lo mismo: ante cualquier cosa que ocurra, ladro y mi dueño me presta su atención, a veces hasta viene  aquí”.
 
 No podemos castigar al perro por esto porque le estamos reforzando. Lo ideal es no haber llegado a esta situación, pero una vez aquí debemos hacer que el perro “desaprenda” el ladrido, evitando reforzarle, o bien realizar con él algún ejercicio de adiestramiento para que aprenda a dejar de ladrar, ya que en su día aprendió a hacerlo. También conviene replantearnos el tipo de relación que tenemos con él y el vínculo que nos une, pues no suele ser el idóneo.
Estos que hemos visto son los motivos más comunes por los que suelen ladrar nuestros perros, pero existen muchos otros, tantos como mensajes quiera emitir nuestro perro: ladridos de miedo (el ladrido aquí sólo es la expresión de un problema mucho mayor, que debemos tratar), de frustración, de llamada a otros perros o personas (yo no puedo salir hacia donde estás tú, ladro o aúllo para que seas tú quien vengas), y un largo etcetera. También todo el mundo sabe que existen razas más ladradoras que otras, y que, por supuesto, categorizar y clasificar las causas de los ladridos es simplificarlo mucho, la mayoría los perros pueden tener sentimientos entremezclados y el ladrido suele ser es una mezcla de dos o más tipos.
 
Recordad siempre que nosotros nos quejamos que nuestro perro no nos entiende cuando le hablamos. Demostremos al menos que nosotros intentamos entenderle a él.
 
Aceptemos que nuestros perros tienen un lenguaje y que tienen algo que decirnos, dejemos que lo hagan y escuchemos lo que nos quieren decir. Así los ladridos dejarán de ser un problema y serán lo que en un principio eran, simples formas de expresión.
 
 Autor:  Miguel Angel Llorente    Fuente: http://www.educacioncaninalacasona.com/blog